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29 de Octubre de 2018

Por qué China es una gran oportunidad para las legumbres argentinas

Es un mercado más estable que la India, que oscila según su propia producción, y en el que se proyecta un vertiginoso crecimiento del consumo.

Por Adrián Poletti

En la producción de legumbres el mundo está pasando de modo India a modo China. El modo India es un esquema de extremos, dado que ellos, los indios, se pueden trasformar en una aspiradora de proteína vegetal porque les falta producción y mueven el mundo completo para abastecerse. Si por el contrario alcanzan su objetivo de producción, cortan su demanda de un día para el otro aún con mercadería en navegación.

Pueden estar importando, por ejemplo, 8 millones de toneladas de legumbres y pasar a cero en 6 meses, si tuvieron una buena temporada de monzones. En cambio, el modo China es mucho más estable debido a que ellos, saben que necesitan proteína para convertirla en proteína animal, o para corregir calidad de alimentos farináceos como fideos con el objeto de nutrir mejor a la población de menores recursos.

El modo China otorga estabilidad de precios porque les interesa que el proveedor produzca para solucionar su problema. A la India, le interesa la producción sólo cuando la precisan. La arveja amarilla es el primer cultivo de las producciones especiales que pasó de modo India a modo China, y le seguirá en mi opinión, el poroto mung (moong en inglés), la especie que se llama Vigna radiata, y que es la materia prima del brote de soja. Se consume fuerte en el sudeste asiático, y China pasó ser importador cuando hasta hace un tiempo era exportador.

Otro caso para considerar seriamente, es el poroto negro común (Phaseolus vulgaris) del cual China pasó de exportador a tener este año excedentes limitados. De hecho, estuvo abasteciendo a Venezuela originando en Argentina, es decir cargan a Venezuela desde Argentina y paga el chino.

Ello indica que el mundo de las legumbres y de los cultivos especiales, está pasando de ser India dependiente a depender de este último y de China, y puede esperarse que en 10 años se desarrolle un aumento de consumo chino importante.

Y China se puede abastecer de la zona del Mar Negro, y de hecho hay negociaciones para que varios millones de hectáreas de Ucrania se destinen para abastecer a este país. También se puede abastecer desde África, pero fundamentalmente se abastecerá desde Brasil y Argentina.

Si nosotros somos capaces de capturar parte del incremento del consumo mundial que se está dando, que de garbanzo es un 7% por año, y en arveja y lenteja ronda un 6 % anual, lo cual es proyección geométrica, estaremos generando una riqueza a nivel regional, como es el caso del sur de Buenos Aires, norte de Buenos Aires, sur de Santa Fe, sur y norte de Córdoba, NOA y este de Santiago del Estero.

Una riqueza, dicho sea de paso, que en la actualidad no existe. Y por ello es que se precisan herramientas para sostener ese crecimiento, como es una moderna ley de semillas. Si no lo hacemos nosotros lo harán los rusos, los ucranianos, los brasileños o lo harán los chinos en África.

El mercado interno de arveja amarilla como producto forrajero podría llegar rápidamente al millón de toneladas, tanto para la producción de cerdos, como aves y rumiantes.

Por otro lado, si con los cultivos especiales, como la arveja amarilla, se puede generar trabajo para una persona cada 1.000 toneladas exportadas, y a ello se le agrega la mano de obra que requiere la industria pecuaria con un mercado mundial abierto, podremos ampliar de manera importante la cantidad de oferta laboral para mano de obra de poca capacitación, que es donde hoy se tiene la mayor parte de la población de bajos ingresos, parte de la cual el Estado cubre con ingresos sociales necesarios pero insuficientes para el desarrollo personal y familiar de estas personas.

Sería algo más productivo que ocuparnos de ver si la factura de gas la paga el que lo consumió o el contribuyente general a empresas que bien podrían recurrir al Rofex para arbitrarse respecto del valor dólar a futuro, y cubrirse de esa manera en operaciones que cobran en pesos y pagan en dólares.

El autor es consultor agropecuario y está especializado en legumbres.

Clarín