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25 de Octubre de 2019

La campaña arrocera arranca con mucho viento en contra en el Litoral

No la viene pasando del todo bien el arroz las últimas campañas. Ni el negocio ni los productores de este cereal que intentan seguir surfeando la ola arrocera. Clima, insumos en alza, energía cara (fundamental para inundar los lotes), rindes de indiferencia que suben y falta de financiamiento para afrontar una inversión inicial elevada, atentan contra una cadena que ofrece trabajo y es referente en provincias como Corrientes y Entre Ríos, pero también se siembra en Santa Fe, Chaco y Formosa.

Desde hace unos años los productores tuvieron que afinar bien la punta del lápiz porque los precios se estancaron y los costos suben y suben. Sólo los que exportan pueden compensar parte de la suba de costos post devaluaciones. Vale recordar que como Argentina apenas consume 11 kilos de arroz por habitante por año (el más bajo de Latinoamérica, lejos de los 50 kilos de Brasil o los 180 de algunos asiáticos), sólo queda en el país entre un 30% y un 40% del arroz producido. El resto se va a Brasil, Turquía, Panamá, México, Perú y algunos países de Africa y Europa.

Según un informe CREA de noviembre de 2018, las últimas cuatro campañas la rentabilidad del cultivo de arroz se viene deteriorando de manera progresiva a causa del incremento en los costos energéticos. “Comparado con 2010/2014 entre 2015 y 2018, los rendimientos de indiferencia son 50% superiores en sistemas de riego a gasoil, 30% en empresas que usan represas y 20% para los que usan bombas eléctricas”.

Una vez implantado, el arroz debe permanecer entre 90 y 100 días inundado. “Si bien antes se aplicaba una lámina de 15 centímetros y hoy es de sólo 5-7 centímetros, esto insume 1.000 metros cúbicos de agua por hectárea, por lo que bombear esa agua es un costo importante", mensuró Gerardo Cerutti, asesor del CREA Avatí Î arrocero.

Sin embargo, datos de AACREA muestran que el principal gasto que tiene el arrocero es el arrendamiento (calculan que de los 7500-8000 kilos por hectárea que se cosechan, unos 1000-1500 se destinan a pagar la tierra); el segundo lugar lo ocupan riego y fertilización (pueden representar un 20-25% del total); finalmente, la energía, sobre todo con gasoil, algo que, además cambia según la provincia porque los entrerrianos deben pagar un valor del kilovatio mayor a los correntinos.

Así las cosas, la superficie nacional de arroz se redujo los últimos años. Hata la campaña pasada rondaba las 200.000 hectáreas (estiman 190.000 para 2019/20) distribuidas en Corrientes (unas 90.000 ha), Entre Ríos (70.000, aunque esta campaña bajaría a 60), Santa Fe (30.000 ha, bajaría a 28.000), Formosa (7000 ha) y Chaco (5000 ha).

Corrientes: menos productores

“Llegamos a tener 100.000 hectáreas, pero esta campaña vamos a estar entre 87.000 y 90.000 (la campaña pasada habían sembrado 91.400 ha)”, apuntó, en diálogo con Clarín Rural, Pedro Tomasella, presidente de la Asociación Correntina de Plantadores de Arroz (ACPA), que reúne a 50-60 productores chicos, medianos y grandes de la provincia hace más de 80 años.

En Corrientes, como en casi todas las zonas productivas de arroz, por ahora la campaña viene bien desde lo climático. “El productor está pudiendo sembrar en fechas óptimas, que es hasta el 15 de noviembre”, dijo el asesor técnico de ACPA, Javier Araujo, quien destacó, como innovación fundamental los últimos años, el desembarco del trabajo con GPS para mejorar la eficiencia de riego a partir de la nivelación, “porque un 90% del rendimiento depende del manejo del agua”.

Al referirse al negocio en sí, Tomasella opinó que “después de muchos años, post devaluación creo estamos un poco mejor para la cosecha 2019/20, no es que sea una locura, porque los números son ajustados, pero estamos menos peor que las campañas anteriores”. Es cierto que, a diferencia de otras provincias, Corrientes exporta el 70% de lo que produce.

Sin embargo, Tomasella advirtió que “después de 5-7 años complicados, el sector sufre una sangría porque hay que invertir 1.000 dólares por hectárea, hay que tener ganas y plata”. Así, la mitad de la producción correntina está en manos de 4 grandes empresas.

“Tampoco nos juega muy a favor el flete que por ahora sigue siendo por camión porque por ahora el Plan Belgrano no se puso en marcha en Corrientes”, expuso el representante de productores correntinos.

Entre Ríos: en retroceso

Según la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, esta campaña será la de menor área en casi dos décadas.

Por ahora, la siembra viene con un leve atraso que no es preocupante. En algún momento la provincia llegó a tener 110.000 hectáreas. Sin embargo, ya la campaña pasada se sembraron sólo 62.000 ha. y para ésta se esperan 50.000, un derrumbe abrupto porque “muchos dejaron de sembrar”.

En el último Censo Arrocero –hecho por la Universidad Nacional de Entre Ríos en la campaña 2016/17– un 76% del total de empresarios encuestados explicó que el principal motivo de abandono de área arrocera era el aumento de costos de producción. Las alternativas elegidas fueron otros cultivos en un 82% de los casos (soja, maíz, sorgo, trigo y lino), ganadería en un 15% y el 3% restante el arrendamiento del campo.

La Cooperativa de Arroceros Villa Elisa tiene unos 135 pequeños y medianos socios pero hoy, como está la cosa, quedan 35-40 activos en la producción de arroz. Hacen elaboración y envasado, exportan el 80% y el 20% queda para el mercado interno. Como complemento, venden cáscara al sector avícola para la cama de los pollos y el resto a una fábrica de alimentos balanceados. Además, con una parte del grano partido hacen harina de arroz. El resto del partido se va al mercado interno (tolera 15%) y a la exportación (5% máximo).

“Estamos en un contexto que no es el mejor para el sector, sin créditos, con altos costos, que llevó a un proceso de concentración, y obligó a muchas industrias tuvieron que salir a producir su propio arroz porque no llegaban”, contó el presidente de la Cooperativa, Claudio Francou.

“Muchos siguen porque es un cultivo muy noble y en años secos, cuando el maíz o la soja no llegan, el arroz saca el pecho, sobre todo en el norte provincial donde se pueden alcanzar 9000 kg/ha cuando hay buena radiación, pero bueno, los costos son altos”, relató Francou, que registró un mercado internacional activo, pero en el que hay que competir con Paraguay y Brasil, que tienen menos costos que el arroz argentino.

También en Entre Ríos, Germán Guarito, gerente técnico de la Fundación Pro Arroz, advirtió que “el precio del arroz no copió la devaluación y los insumos siguen dolarizados, además de las retenciones”. Y agregó: “Los números están muy ajustados y depende la ecuación la mayoría está en quebranto”.

Entre los desafíos, para Guarito “hay que mostrarle a la nación y la provincia que el sector necesita ayuda, sobre todo con el costo energético o las retenciones”. También los productores pueden ajustar cuestiones de manejo para lograr más kilos y ser más rentables: “En Entre Ríos, el arroz largo fino es el que más rinde y promedia 7.700 kg/ha, pero los techos logrables están en 11.000-12.000 kg/ha, con un rinde teórico posible de 14.000, la brecha es grande y podemos achicarla”, dijo Guarito.

¿Cómo se podría acortar ese gap de rinde? Para Guarito, “la tenencia de la tierra es clave porque permite hacer toda la preparación de suelo en febrero-marzo y sembrar en fecha óptima en octubre”. Y agregó: “Se puede hacer lotus o trébol como cultivo de servicio para colaborar con el aporte de materia orgánica, además hay que hacer rotaciones porque al segundo o tercer año de arroz se agota el suelo”. En el norte de Entre Ríos, la combinación más rentable para las empresas agropecuarias es arroz y ganadería.

Chaco: rotación con pacú

En una zona (Chaco) donde la letra fría agronómica establece que por clima y suelo se puede apostar apenas a una ganadería extensiva de 60 kilos de carne por hectárea, la familia Meichtry logra 7000 kg/ha de arroz convencional y orgánico, y al año siguiente cosechan 3000 kilos de pacú por hectárea. Están reinventando las posibilidades productivas en el norte argentino.

No sólo por lo producen en el campo sino, también, porque lo procesan y comercializan. En el caso del pacú con 12 productos frescos y congelados, y en arroz trabajan para exportarlo desde allí mismo para no sufrir los costos de un flete a Buenos Aires o Entre Ríos.

“Estamos en el 40-50% de la siembra, el clima nos viene acompañando, esperemos siga así hasta el final de la siembra y 20 días de emergido, después nosotros lo manejamos con el riego”, explicó a Clarín Rural Martín Meichtry, de Arrocera San Carlos. Sin embargo, vienen de un año difícil, en el que los rendimientos de la región estuvieron 15-20% por debajo de la media por temas climáticos.

Para el joven productor (trabaja con sus hermanos y su padre Eduardo), el desafío mayor es “solucionar el tema logístico”. Para esto hace años trabajan con el gobierno provincial para habilitar un puerto que les permita sacar la producción por ahí y evitar los fletes de 800 kilómetros o más. En lo coyuntural, claro, la falta de financiamiento está al tope de las preocupaciones, “porque cada hectárea demanda una inversión de 1000 a 1500 dólares”.

Sin embargo, la rotación con pacú le da “una mano” al arroz, porque “los peces le dejan una fertilización natural y combaten una de las principales plagas que afectan los primeros estadios del arroz como el caracol”. Hasta hace unos años, el rinde de indiferencia, es decir, el que se necesita para pagar los costos de producción, en arroz convencional rondaba las 5,5 toneladas/ha. Mientras que para pagar los costos del arroz orgánico, el que se obtiene en rotación con pacú, es de sólo 2 ton/ha. sin afectar el rendimiento que en ambos planteos es de 6,5 a 7 ton/ha.

“Esperemos que mejoren los precios de aquí a cosecha”, apuntó Meichtry. La esperanza se cifra en que la magra cosecha pasada mantuvo los stocks bajos.

La clave: producir más

Para Cerutti, de CREA, el tema del arroz es que, además de no tener un precio de referencia, es un cultivo intensivo por el trabajo y el gasto que implica en muchas hectáreas. “El desafío entonces está en obtener la mayor producción física para bajar el costo por kilo producido a través de la profesionalización y la incorporación de tecnología”, apuntó.

Tal como ocurre con los tambos, el que se va no vuelve, porque rearmar la infraestructura arrocera cuesta y mucho. Por eso, los que están tratan de seguir, un año más… y otro… y otro, hasta que el bolsillo o el espíritu digan basta.

Clarín – Juan I. Martínez Dodda