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20 de Noviembre de 2019

Cómo la huella hídrica puede potenciar a la producción argentina

Por Fernando Vilella.

El uso y contaminación del agua dulce está entre los mayores impactos planetarios negativos que produce el hombre, claramente presente entre los objetivos del desarrollo sustentable.

El agua dulce es solo el 3 % del agua total disponible en el mundo y más del 70 por ciento se utiliza para la agricultura. Para 2050, alimentar a una población mundial de más de 9000 millones de personas requerirá un aumento estimado del 50 por ciento en la producción agrícola y un aumento del 15 por ciento en las extracciones de agua. Cuando producir un kilo de carne bovina requiere 15 mil litros de agua, un kilo de cerdo 4 mil litros o un kilo de cereales 2 mil litros, reducir la huella hídrica por unidad de producción, aumentando la productividad, podría contribuir a reducir la presión de uso sobre los recursos de agua dulce del mundo (Mekonnen M. et. Al., 2014).

Los países asiáticos que riegan el cultivo de arroz masivamente por riego gravitacional son los que mayor proporción de agua destinan a agricultura (ver figura), allí es donde más se está desarrollando el riego tecnificado y donde mayor demanda existe hacia 2050, por presión demográfica, por cambios en la población rural respecto de la urbana y por dietas más diversificadas.

Cómo explica en su tesis doctoral Alejandro Pannunzio, nuestro país tiene una gran riqueza en recursos hídricos. Aunque heterogéneos en su distribución ya que dos tercios del territorio es árido/semiárido, aunque en los valles patagónicos y Cuyo se dispone de agua de alta calidad. En zonas húmedas solo el Rio de la Plata tiene un caudal de 20 millones de litros por segundo, equivalente a aproximadamente 250 litros de agua por habitante del planeta por día.

 

Pannunzio define la Huella hídrica (HH) como un indicador cuantificable que mide el volumen de agua consumido por unidad producida de un bien o servicio, así como el nivel de agua contaminada por la producción de este. En el caso de los cultivos se mide en litros/kg. o como los m3 empleados por tn producida. Es importante tener en claro que la huella hídrica, no refiere al agua que se exporta contenida en el producto, incluida en el bien o servicio, sino el total del agua empleada en el proceso productivo.

Una cuenca es un área que tiene como característica común, que toda el agua que precipita en la misma tiene un único punto de drenaje. Por ende, a nivel de cuenca no se habla de pérdidas de agua, dado que lo que se considera como pérdidas de agua a nivel parcelario, aparece dentro de la cuenca en otro punto, por ejemplo en la freática por haber percolado en profundidad o en un curso de agua luego de haberse escurrido.

Sin embargo, a nivel agronómico, buscamos la mayor eficiencia de uso del agua de riego, atendiendo al aprovechamiento de la energía empleada en bombear o mover el agua y evitar tanto la percolación profunda y el escurrimiento por los efectos adversos desde el punto de vista ambiental y económico que se generan, tanto por percolación profunda de nutrientes como por erosión. Nuestro objetivo es el de ser equilibrados desde el punto de vista: económico, ambiental y social.

Pannunzio explica que la HH, es la sumatoria de la huella azul + huella verde + huella gris. Siendo cada componente de la huella, la relación entre el agua empleada y la materia producida. El agua verde indica el volumen de agua de lluvia consumida por el cultivo en su periodo de crecimiento. El agua azul indica el volumen de agua subterránea y superficial utilizada para regar el cultivo .El agua gris mide el volumen de agua requerida para asimilar fertilizantes y pesticidas que luego puede escurrir o percolar alcanzando y contaminando cursos de agua tanto superficiales como subterráneos (Hoekestra et. Al., 2011).

En el caso de cultivos de secano, la huella hídrica solo suma la huella verde y la gris, jugando aquí un rol central el manejo del agua del agua de lluvia. La siembra directa, los cultivos de cobertura, el control adecuada de malezas, el manejo adecuado de fertilizantes, las rotaciones, dan como resultado, una alta eficiencia en el uso de los recursos.

El desafío de nuestro país es construir obras de infraestructura de riego y drenaje que permitan con riego complementario asegurar y maximizar nuestra producción de granos en las áreas húmedas y subhúmedas y lograr la incorporación de otros cultivos en las zonas áridas y semiáridas.

En frutihorticultura, para manifestar el enorme potencial agroecológico de nuestras economías regionales requiere obras de riego y drenaje y provisión de energía para sus procesos, garantizando así el arraigo de nuestra gente.

Estratégicamente el empleo correcto y la certificación de la Huella Hídrica se constituye en una herramienta de competitividad en un mundo cada vez más exigente en el uso de los recursos. A su vez los criterios de diseño y manejo de los sistemas de riego permiten asignar el agua a los cultivos que combinen la generación del mayor ingreso económico por su producción y el mayor impacto social por uso de mano de obra, siendo entonces la huella hídrica una poderosa herramienta para planificación. (Pannunzio, 2019, tesis doctoral “Criterios de diseño, operación y manejo de sistemas de riego por goteo en arándanos y el impacto en su huella hídrica”) Agua que genera más y mejor biomasa con mucho conocimiento incorporado in situ informada al consumidor, pura bioeconomía.

Clarín